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Meses mágicos

Cada día es mágico en la vida y también cada vez, pero por ciertas festividades, hay meses mágicos en el calendario que conviene conocer. Vamos a ver algunos de ellos.

Enero, el inicio

No importa cuándo comienza el curso para ti. La vida es una continua reflexión, una evolución permanente, donde todo y nada tiene comienzo a la vez. El camino no es más que un punto de partida. El sendero es el trazo que imprimimos a nuestra vida, a nuestro día a día. Los pasos, que siempre deben ser seguros y hacia una dirección marcada, representan las acciones, los deseos, los sueños, las metas que todos debemos tener.

No digas nunca que no sabes por donde empezar, pues quien no es capaz de comenzar a andar, luego no puede cuestionar ni añorar los pasos que no se han dado. Arranca el paso, inicia el camino, tu vida no se merece menos.

Febrero, la luz crece

La luz que crece con febrero es el alimento que guía a nuestros ojos en
la dirección que centran su mirada. Buscar la luz no es una quimera, es
estar en condiciones de aceptar que incluso cuando nuestros ojos están
cegados por la más profunda oscuridad, nuestro corazón puede iluminar el
camino de la vida. Prende la llama de tu corazón a cada momento, con
cada persona, con toda situación buena o mala que te toque vivir. Quien
sabe encender la luz de su corazón está en condiciones de iluminar toda
su existencia.

Mira tu vida, pero siempre con los ojos de amor que tienen todas
las madres, con la visión de paciencia que posee el anciano, con la
perspectiva con que ha sido dotado el sabio, con la distancia que
alcanza el iniciado. Así alcanzarás la auténtica luz de la divinidad.

Marzo, el renacimiento

La primavera es el renacer de todas las cosas. Espiritualmente hablando, renacer es ser capaces de despojarnos de lo que no sirve. Renacer es eliminar las capas invisibles de piel que los problemas, las adversidades, los disgustos y la mentira ponen sobre nuestra vida.

Al igual que la flor no nace en el aire, tu vida debe asentarse en la tierra de la convicción y la seguridad. De la misma forma que los pétalos se abren a la luminiscencia del sol y la primavera, los brazos de tu espíritu deben abrirse a la luz de la divina armonía. Y de igual
forma que las gotas del rocío y lluvia alimentan y dan belleza a las flores, las gotas de amor que hay en tu entorno, en quien te quiere, y en quien tú amas, deben ser el elixir que te haga florecer a cada paso,a cada momento, a cada segundo.

El mes de mayo, la vitalidad

Mayo es le mes en que la madre naturaleza goza de un gran esplendor. Su energía energía enseña que la vida se abre paso con fuerzas renovadas.

La vitalidad es una condición humana a la vez que divina. Ser vitales implicar estar animados, pero también receptivos a todas las cosas que nos ofrece la existencia. No digas nunca «no quiero», «no puedo» o «no deseo», pues de esta forma lo único que estás consiguiendo
es cerrar las puertas y ventanas de tu ser energético a las nuevas experiencias y personas.

Fluir con energía y amar la vida implica saber ser pacientes con las prisas, meditativos con la incertidumbre y estar permanentemente abiertos y deseosos de conocer las cosas nuevas.

Agosto y vacaciones

Detener la vida es imposible. No podemos parar el mundo para bajarnos de él, pero sí ralentizar las vorágines que nos empujan al desconcierto.
Las vacaciones son para el descanso, pero también para la meditación, para saber quienes somos, qué hacemos, y hacia dónde deseamos ir. Quien no sabe ralentizar si vida no puede menguar o frenar sus preocupaciones, ni tampoco prestar atención a la incertidumbre. En cambio, quien por un momento, aunque sea de unos segundos, se detiene, respira profundamente y se pregunta ¿qué hago yo aquí?, ¿qué quiero yo en la vida?, ¿qué me pasa realmente?, está en condiciones de hallar soluciones a los problemas y adversidades más complejos, desagradables y hasta tortuosos.

Si tienes vacaciones, aplica estos consejos y ralentiza tu vida. Si has vuelto de ellas, recuerda que el mundo no termina por cambiar de paisaje, que la vida no es buena ni mala en función de la ocupación que tengamos.La existencia es algo más sutil y sólo quien sabe vivirla, segundo a segundo, se da cuenta de que todo es relativo.
Aprender a relativizar en la vida es descubrir nuevas veredas de conocimiento, es estar en condiciones de trascender. Nada es bueno ni tampoco malo. Nada es inamovible. Todo, incluso la muerte, es un tránsito. La forma en la que pasemos por los tránsitos, la manera que tengamos de vivirlos, con alegría o tristeza, será lo que marcará la dicha o la desdicha de nuestra cotidianidad.

Septiembre, un nuevo inicio

Dicen que los años no comienzan el enero, sino que realmente lo hacen en
septiembre. Personalmente creo que el año comienza cada día, a cada momento. De todas formas, el entorno hace que no siempre podamos seguir nuestro camino como nos habíamos planteado.

Antes de empezar a caminar,piensa que deberás pasar a la acción y recuerda aquella máxima: «Una idea es una mala idea si no se convierte en palabra; una palabra es una mala palabra si no se transforma en objetivo; un objetivo es un mal objetivo si no se torna en acción, y una acción es una mala acción si no somos capaces de transmutarla y hacer de ella un camino.
Por supuesto, para conseguir un camino primero es importante empezar a
andar.

Octubre, el deshoje espiritual del ser humano

Es cierto que con la llegada del otoño todo parece volverse más gris, más frío, tenebroso e, incluso, me atrevería a decir que más difícil. Pero no debemos caer en la trampa que la oscura adversidad pone a nuestros pies, enfrenta a nuestros ojos y posa fríamente en las manos.

Los antiguos, en este tiempo, se preparaban para la muerte, para la ausencia de dones, y es bueno tener esa preparación. Otoño no es morir, pero quizá sí sea oportuno empezar a darnos cuenta de lo que ya no sirve.

Debemos evaluar aquellos comportamientos que no nos dieron resultados, esas
palabras que erróneamente pronunciamos, esas ideas que no nos llevaron a
ningún sitio y anotarlas, evaluarlas y si es necesario, despojar-nos de ellas.

Hechizo de Navidad

El ciclo navideño era, en tiempos remotos, el prescrito para cambiar de rumbo y seguir adelante. Las cebollas y la sal son ambas purificadoras y te ayudarán a pasar por este trance para realizar un nuevo comienzo.

El 21 de diciembre, al llegar el solsticio de invierno, enciende las velas y mientras te concentras en su luz, sujeta las cebollas con el cordón rojo al tiempo que dices:

Espíritus del pasado y del presente, retened el mal y que prevalezca la armonía y el júbilo cuando transcurra este día.

Cuelga las cebollas de las puertas delantera y trasera de tu casa. Sino dispones de entrada posterior, sujeta una de las cebollas de una ventana. En la Nochebuena retira las cebollas y échales sal.

Recoge el cordón y luego quema o entierra las cebllas. Llévate los palitos de abedul a la frete y cuélgalos después con el cordón rojo en donde antes estuvieron.

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